lunes, 26 de enero de 2026

Lucía, la niña valiente

Continuamos la publicación de los relatos ganadores de un Accésit, con el de Ana Valentina Rodas  desde Guatemala.



Hola, me llamo Lucía, tengo 10 años y me gusta dibujar, correr en el recreo y hacer preguntas curiosas. Vivo en un pueblo donde todos se conocen, las montañas nos abrazan y las nubes a veces parecen algodón de azúcar. Me gusta el helado de fresa, las historias de dragones y reírme fuerte con mis amigas.

Todo empezó un lunes que parecía normal. Llegué a la escuela con mi mochila y mis crayones, lista para dibujar un dragón con alas de arcoíris. Pero algo raro pasó... mi amiga Sofía no quería hablar. Ella siempre me contaba chistes, pero ese día tenía los ojos tristes, como si hubiera llorado mucho.

En el recreo me acerqué despacito y le pregunté:

-Sofi, ¿te pasa algo?

Ella bajó la mirada y dijo en voz bajita:

-En mi casa me dicen que no puedo jugar fútbol, que eso es de niños. Y a veces me gritan porque hago preguntas... me dicen que mejor me calle.

Me dio tanta tristeza que sentí un nudo en la panza. No era justo. ¡Sofía es súper buena jugando y hace las mejores preguntas del mundo!

Ese día, cuando llegué a mi casa, me encerré en mi cuarto, saqué mis crayones y dibujé un cartel grande que decía:

"Ser niña no es malo. Ser niña es ser fuerte, lista y valiente."

Le puse estrellitas, corazones y hasta un rayo como el de los superhéroes. Lo llevé al día siguiente y lo pegué en el pasillo de la escuela.

Mi maestra, la señorita Rosa, lo vio y me preguntó quién lo había hecho. Le conté lo de Sofía y ella nos ayudó a hacer algo increíble. Juntamos a todas las niñas del salón y les dimos papelitos para que escribieran sus sueños. Unas querían ser astronautas, otras presidentas, veterinarias, artistas, bomberas... ¡Había tantos sueños bonitos!

Los niños también nos ayudaron a pegar los papelitos en el patio. Parecía un cielo lleno de estrellas de colores. Todos miraban los sueños y sonreían.

Ese día todos hablamos de lo importante que es respetar a las niñas. Que no está bien que alguien te haga sentir menos, ni en tu casa, ni en ningún lado. Algunas niñas contaron cosas que nunca habían dicho, y aunque algunas lloraron, también se sintieron más fuertes.

Después, los papás y mamás vinieron a ver la exposición de sueños. Y muchos se quedaron pensando. La directora nos dijo que íbamos a hacer más actividades para aprender juntos, porque los niños y las niñas valemos lo mismo.

Ahora Sofía ya no está triste. Jugamos fútbol en los recreos y su papá le compró zapatos nuevos porque vio cuánto le gusta. Y yo... bueno, yo me siento muy feliz. Porque aunque a veces tengo miedo, también sé que una niña valiente puede ayudar a cambiar muchas cosas.

Así que si estás leyendo esto y eres niña, acuérdate:

Tú también puedes ser valiente como yo.

No dejes que nadie te haga sentir menos.

Tu voz Importa.

Tu risa importa.

Tú importas.

Y juntas podemos hacer del mundo un lugar más bonito y justo.

 

Categoría: No a la violencia de género contra las niñas

Nombre: Ana Valentina Rodas Silva

Edad:  10 años

Colegio: Liceo Chapero

País: Guatemala

El león y la comadreja

Continuamos con la publicación de relatos ganadores de acéssit, en este caso nos vamos hasta Chile.




Había una vez un león diferente a los demás. A él no le gustaba la carne, prefería las frutas y las plantas. Pero su manada, amante de la caza, lo trataba diferente por eso.

Un día, mientras paseaba solo por el bosque, se encontró con una pequeña comadreja. Al verla, la comadreja se asustó y corrió a esconderse entre los arbustos.

¡Espera! —Rugió el león—. No te haré daño, no como animales. Solo quiero ser tu amigo.

¿Amigo? ¿Tú? Seguro solo quieres comerme —dijo la comadreja, sin moverse de su escondite.

Te prometo, no soy así. Soy diferente a los demás leones – dijo el león.

Con el tiempo, el león y la comadreja comenzaron a pasar todos los días juntos, riendo, jugando y compartiendo historias. Se hicieron grandes amigos, demostrando que la amistad no entiende de tamaños ni especies.

Pero la manada del león no aceptaba esa relación. “Un león no puede ser amigo de una comadreja”, decían. Entonces, el león tuvo una idea.

Reunió a toda la manada y les habló con firmeza:

Ustedes me han juzgado por ser diferente. Pero gracias a eso, descubrí el valor de la verdadera amistad. Si no pueden aceptar a quienes son distintos, entonces son ustedes los que pierden.

Desde entonces, el león y la comadreja y así concretó el pacto de que todos son iguales sin importar su tamaño o raza.


Categoría: Diferentes pero iguales

Nombre: Valentina Zapata

Edad: 13 años

Colegio: Escuela Básica José Martí

País: Chile