martes, 14 de mayo de 2019

De la Quinta Avenida a casa


LOS MENORES DE 14 AÑOS NO PUEDEN ABRIR UNA CUENTA EN YOUTUBE Y LOS PADRES SON LOS RESPONSABLES DE QUE SUS HIJOS POSEAN UN CANAL PROPIO.

Pues bien, más de la mitad de los niños entre 2 y 5 años usan YouTube, y a partir de los seis años empiezan a seguir ayoutubers. Los 1.300 canales dirigidos al público infantil en España, generan 6 billones de reproducciones al mes.
El 93% de los niños españoles de 10 a 15 años usa Internet según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. El 70% de ellos lo hace desde su teléfono móvil. Al 86% de ellos, sus padres no les filtran los contenidos. El mayor grupo de riesgo son las niñas, principales usuarias de las aplicaciones, mientras los niños se especializan en videojuegos. Son datos de Viacom.
Siete de cada diez niños españoles tiene un perfil en una red social, algo prohibido por ley hasta los dieciséis años. Mientras tanto, en el Silicon Valley de Estados Unidos, cuna de las grandes empresas de comunicación, comienzan a proliferar los colegios sin tabletas ni ordenadores porque los padres no quieren que sus hijos repitan sus patrones de conducta, y consideran que los beneficios de las pantallas son limitados mientras que el riesgo de adicción es alto. Nosotros lo estamos comprobando en clase con la sobre exposición a Fortnite de nuestros alumnos y a las aplicaciones para “fotos de poner morritos”, como Tik Tok, de las alumnas.
¿Son simplemente cifras? No, son niños reales, están en clase, conocemos a sus padres y madres. A veces me sorprendo a mí misma preguntado a alguna familia: “¿Dejarías a tu hija en la Quinta Avenida de Nueva York con el encargo de que volviera sola a casa? ¿Por qué la dejas entonces sola en Internet?”
Carmen Guaita

miércoles, 3 de abril de 2019

La Formación Profesional en el sistema educativo


Seguramente nunca conseguiremos un Pacto por la Educación, pero el panorama que salga de las urnas deberá lograr acuerdos que consoliden algo de estabilidad para el periodo formativo de los niños y jóvenes.


En los extremos del arco académico, la Educación Infantil y la Formación Profesional conforman los pilares del éxito total de un sistema educativo. Los países más avanzados de Europa supieron verlo hace décadas y todavía lo entienden del mismo modo: invertir en ambas es abrir ventanas hacia un mejor futuro. Concederles la máxima relevancia es acertar.

Posiblemente el acuerdo más factible sería el que pusiese en valor para los próximos años la Formación Profesional. Así nos lo demandan los elevados índices de desempleo juvenil, pero también la necesidad de aumentar la cualificación profesional en un mercado cuyos requisitos para el empleo están en continuo cambio. Parece mentira que todavía hoy poseamos una de las tasas más elevadas de Europa en graduados universitarios y de las más bajas en titulados de FP. Parece mentira que hablemos con la boca pequeña de unos estudios superiores que son superiores a todos los efectos. Y que sigamos obligando a que centros cuyo profesorado y objetivos son excelentes clamen por los medios adecuados para mantenerse en vanguardia.

Las titulaciones de Formación Profesional garantizan desarrollo, productividad y mejora del empleo. Deberían ser valoradas por las familias y convertirse en uno de los elementos fundamentales de las políticas de educación.

A ver...

Carmen Guaita

martes, 5 de marzo de 2019

Educación especial


Como miles de personas, estoy asombrada por la posibilidad de que desaparezcan los centros de educación especial.* 


Me asombra que se hable de ella como “otro sistema educativo”, cuando en realidad es “otra modalidad de escolarización”, tal útil y digna como pueda serlo un “bachillerato de excelencia”.

Los centros de educación especial escolarizan a chicos y chicas que precisan de medios, apoyos y profesores muy especializados. Allí logran una considerable autonomía y unos avances espectaculares que facilitan su capacidad de integración social.

¿De qué hablamos cuando decimos que escolarizarlos en centros ordinarios facilitará esa integración? Pues de aulas masificadas, tanto en la enseñanza pública como en la concertada, donde ya se escolarizan cientos de alumnos con necesidades educativas especiales que tampoco cuentan con los apoyos suficientes. Hablamos de una estructura que ni siquiera considera que la dislexia precise de atención específica, y ahí es donde queremos "integrar" a chicos y chicas que precisan de profesionales muy especializados. Como si la integración fuera un paso previo, cuando es el resultado de un proceso, como todos los profesores sabemos. 

La ocurrencia ha llegado hasta la ONU a través de una organización sectorial, y allí, en un despacho de Nueva York, alguien nos ha recomendado que desaparezcan estos centros. ¿En serio? ¿Las familias, los alumnos, los docentes, nunca vamos a tener nada que decir?

Cerrar los centros de educación especial es, en el fondo, favorecer la privatización de servicios de atención a este alumnado. A lo mejor se trata de eso.

Carmen Guaita

La ministra de Educación española, Isabel Celaá, dijo el pasado mes de noviembre que tenía intención de que "los centros de educación especial se conviertan en «centros de apoyo a la inclusión que brinden asesoramiento y ayuda para que los alumnos de estos centros puedan incorporarse progresivamente a los ordinarios»

jueves, 7 de febrero de 2019

¿Para qué sirve el esfuerzo en la etapa escolar?

Hace años, un alumno adolescente me miró a los ojos y me preguntó con toda seriedad: “Todo este esfuerzo que me pides, ¿para qué sirve?”


Por supuesto, hay una respuesta personal, ética: la apuesta por la formación siempre es acertada. Sin embargo, yo sabía qué él necesitaría también algo tangible en el futuro: seguridad, dignidad, empleo, posibilidades de crecimiento.

¿Para qué sirve nuestro esfuerzo? Esta pregunta nos la estamos haciendo todos y va dirigida a la gestión política. Quienes deben contestar ocupan el poder. La respuesta tiene que ser socialmente efectiva y moralmente ejemplar. Solamente así comprenderemos por qué nuestra aportación como ciudadanos consiste en trabajo, sacrificio y, en demasiadas ocasiones, conformidad y silencio.

Me preocupa mucho la desmotivación, ese mirar para otro lado o convertir todo en chiste. Me preocupan el pesimismo y la desesperanza. No son la misma cosa: el pesimista piensa que solo van a suceder cosas malas; al desesperanzado ya no le importa lo que pueda suceder. 
Ambas actitudes son un peligro muy grave porque  podrían derrotarnos como sociedad a la manera de un virus, desde dentro.


Carmen Guaita