Después de conocer la experiencia de una docente española, en esta ocasión nos vamos hasta Colombia, para saber las opiniones de Paula.
Omep- ¿Qué consideras más valioso de tu labor docente?
Paula Andrea Castaño- Lo más valioso de mi labor docente es acompañar a los niños y niñas en su descubrimiento del mundo a través de la lectura, la escritura y la imaginación. Cada día, puedo ver cómo pequeños gestos de curiosidad y esfuerzo se transforman en aprendizajes significativos y en confianza en sí mismos. Aunque a veces enfrento desafíos en el comportamiento, el rendimiento o el apoyo de sus familias, cada dificultad es también una oportunidad para innovar, para entender mejor a mis estudiantes y para ayudarles a desarrollar habilidades que van más allá del aula. Ser testigo de su crecimiento, de cómo superan obstáculos y de cómo encuentran su voz, me recuerda que la educación tiene el poder de abrir puertas y de construir un mundo más justo y esperanzador.
P- ¿Qué crees que tus alumnos valoran más de ti?
R- Creo que mis alumnos valoran más mi cercanía y mi paciencia. Saben que pueden expresarse sin miedo a equivocarse, que escucho sus ideas y que me importa su aprendizaje tanto como su bienestar. Valoran que transforme cada desafío en una oportunidad para aprender y que les muestre que, aunque cometer errores es natural, siempre es posible mejorar. Esa confianza y respeto mutuo construyen un espacio donde se sienten seguros para crecer, imaginar y soñar.
P- ¿Sueles “llevarte trabajo a casa”?
R- Sí, en ocasiones llevo trabajo a casa, pero procuro hacerlo con moderación para cuidar mi salud mental. Prefiero organizar mi tiempo en el aula y planear de manera eficiente, porque un docente descansado enseña mejor y acompaña con más presencia a sus estudiantes.
P-: ¿Puedes valorarte como profesional de la enseñanza?
R- Me valoro como una profesional comprometida, paciente y creativa. Busco siempre adaptarme a las necesidades de mis estudiantes, motivarlos y acompañarlos en su aprendizaje y crecimiento personal. Reconozco que enfrento desafíos, pero los tomo como oportunidades para mejorar y aprender cada día. Ser docente me enseña tanto como enseño, y eso me hace sentir que mi labor tiene propósito y valor.
P- ¿Cómo ha cambiado el sistema educativo desde que empezaste tu labor docente?
R- Desde que empecé mi labor docente, el sistema educativo ha cambiado en varios aspectos: ha habido un mayor énfasis en la inclusión, la diversidad y la tecnología en el aula. Sin embargo, también han aumentado las exigencias administrativas y las evaluaciones estandarizadas, lo que a veces limita la flexibilidad para atender las necesidades individuales de los estudiantes. A pesar de estos retos, sigo buscando maneras de adaptarme y de ofrecer un aprendizaje significativo, centrado en el desarrollo integral de cada niño y niña.
P- ¿Hay algo que eches en falta en el sistema educativo?
R- Echo en falta un apoyo más cercano a los docentes en cuanto a recursos, formación continua y acompañamiento emocional. También me gustaría que hubiera más participación de las familias y una educación que valore tanto el aprendizaje académico como las habilidades socioemocionales de los estudiantes. Creo que estos cambios podrían hacer que el sistema educativo sea más justo, humano y efectivo para todos.
P- ¿Y algo que piensas que podría derogarse?
R- Creo que podrían derogarse las normas y evaluaciones rígidas que no respetan los ritmos de aprendizaje de cada estudiante, y promover mayor participación de las familias en su proceso educativo, para favorecer un aprendizaje más flexible, humano y significativo.
Por último, si estuviera en tu mano un solo cambio, pero esencial, ¿Cuál sería?
R- Si pudiera hacer un solo cambio esencial en la educación, sería integrar de manera sistemática la educación emocional en todas las aulas, basada en el respeto, la gratitud y el amor. En mi práctica, utilizo la estrategia “Vibramos en amor y gratitud”, inspirada en los mensajes de la cuenta @vibrogratitud, que aterriza en la vida cotidiana del aula. Esta estrategia fomenta que los estudiantes reconozcan sus emociones, valoren a los demás y construyan relaciones más saludables, mientras aprenden. Creo que enseñar desde la gratitud y la empatía no solo mejora el ambiente escolar, sino que también forma personas más conscientes, responsables y felices.
Comparto el website de mi experiencia para que la visualicen y se enamoren de ella tanto como yo.
Aquí está plasmado el cuento ganador: EL JARDÍN DE LA GRATITUD, texto ganador del IX Concurso Infantil Iberoamericano, OTRO MUNDO ES POSIBLE.
Muchísimas gracias por compartir con todos tus experiencias docentes, que seguro nos aportarán cosas positivas.
Paula Andrea Castaño Ríos
Grado 5º de Primaria
Institución Educativa A.S.I.A. Ignaciana
Colombia

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