sábado, 7 de febrero de 2026

Colegios y Profesores extraordinarios

Como viene siendo habitual, queremos reconocer no sólo el mérito de los alumnos que participan en el concurso, sino también el de los colegios y profesores que asumen el reto de formar en valores a los estudiantes.




Con este concurso, desde Ong Otromundoesposible se pretende que los alumnos de los colegios de Iberoamérica aporten sus puntos de vista y propuestas para conseguir que la sociedad en la que vivimos -donde es frecuente ver casos de discriminación, acoso escolar o violencia contra las niñas y mujeres-, sea mejor el día de mañana, adquiriendo para ello valores de respeto e igualdad hacia los demás, de manera que cuando sean adultos actúen de forma digna, respetuosa y justa a nivel personal y trasladen esa actitud a la sociedad en la que les toque vivir.

En palabras de Federico Mayor Zaragoza, Presidente del Jurado hasta su fallecimiento, el concurso pretende fomentar en los alumnos "valores de solidaridad, tolerancia, no violencia, respeto al medio ambiente, etc., que favorezcan el desarrollo de sociedades más justas, solidarias, equitativas y pacíficas".

En concreto se pretende conseguir que reflexionen y escriban sobre cómo mejorar tres aspectos de la discriminación:

  • Cómo evitar la Violencia de Género
  • Cómo acabar con el Acoso Escolar.
  • No Discriminación.

Es evidente que la parte fundamental del concurso son los colegios que asumen estos valores éticos y humanos y que, a través de los profesores, crean las condiciones para ser interiorizados por sus alumnos.

Por eso queremos dar las gracias por su excelente capacidad docente y su sensibilidad humana y social, a los siguientes colegios y profesores, de izquierda a derecha en la imagen:

 

Francisca Castillo Serey

Colegio: Escuela José Martí

País: Chile

 

Gloria Valdez

Colegio: Liceo Chapero

País: Guatemala

 

Joel Leví Engono Upolo

Colegio: Belén los Rosales

País: Guinea Ecuatorial

La estrella que no podía brillar

Finalizamos la publicación de los relatos ganadores de la décima edición del concurso con el ganador de la categoría "Diferentes pero Iguales", desde Guatemala.


En una galaxia muy lejana, había un planeta habitado por estrellas que brillaban intensamente. Las estrellas que más brillaban eran consideradas de alto estatus y símbolos de una belleza inigualable. Por otro lado, las estrellas que no brillaban mucho eran consideradas de bajo rango y “feas”.

En este inmenso planeta, en el barrio más pobre, vivía una estrella que no brillaba absolutamente nada, y su nombre era Emily. Debido a que no brillaba nada, recibía mucho acoso escolar.

En la escuela, Emily jamás se sintió cómoda o bienvenida, ya que desde que era apenas una estrellita bebé tiene recuerdos de cuando las demás estrellas le decían cosas sobre el porqué no brillaba.

Emily vivía con su madre en una casa bastante pequeña, debido a que no tenían mucho dinero. Pero su madre hacía lo posible para poder pagar la colegiatura y las necesidades de la casa.

Un día, mientras Emily estaba en la escuela, el grupo popular llegó a molestarla y a decirle que era muy “fea” por no tener brillo. También se burlaron de su comida, que su madre había hecho con mucho esfuerzo.

Emily se sintió muy triste ese día. Al ver que se burlaban de la comida que su mamá había preparado con tanto amor, sintió un nudo en la garganta. No entendía por qué las demás estrellas no podían aceptar que todas eran diferentes.

Esa noche, cuando llegó a casa, no quiso cenar. Su mamá se preocupó y le preguntó qué pasaba, pero Emily solo dijo que estaba cansada. En el fondo, le dolía contarle que en la escuela la molestaban todos los días por no brillar.

Pasaron los días y el acoso escolar no paraba. Las estrellas más brillantes seguían burlándose de Emily, y aunque ella intentaba ignorarlas, cada palabra la hería más. Empezó a sentirse cada vez más sola, incluso llegó a pensar que no tenía ningún valor.

Pero todo cambió cuando llegó una nueva profesora a la escuela, la profesora Lucía. Ella notó desde el primer momento que Emily estaba triste y que algo no andaba bien. Un día, después de clase, se acercó a ella y le dijo:

—Emily, he notado que estás muy callada. ¿Quieres hablar conmigo?

Emily dudó un momento, pero por primera vez sintió que alguien la veía de verdad. Le contó todo: cómo la molestaban, cómo se sentía, y cómo quería brillar como las demás estrellas, pero no podía.

La profesora Lucía la abrazó con ternura y le dijo:

—Tú ya brillas, Emily, pero lo haces de una forma distinta. No necesitas brillar como los demás para ser especial. A veces, la luz más suave es la que más ayuda a otros.

Desde ese día, la profesora comenzó a hablar con el grupo de estrellas. Les enseñó sobre el respeto, la empatía y la importancia de aceptar a los demás tal como son. Poco a poco, las demás estrellas empezaron a ver a Emily con otros ojos.

Un día, en una actividad de la escuela, Emily leyó un poema que había escrito sobre su experiencia. Todos la escucharon en silencio. Al terminar, hubo un gran aplauso. Por primera vez, Emily sintió que su voz brillaba más que cualquier luz.

Emily nunca llegó a brillar como las otras estrellas, pero aprendió que su valor no dependía de eso. Brillaba con su corazón, con su bondad, y con su fuerza para seguir adelante a pesar de todo.

Moraleja:

Todas las estrellas tienen su propia forma de brillar, aunque no siempre sea visible a los ojos de los demás. El verdadero brillo está en cómo tratas a los otros, en tu bondad, y en tu valor para seguir siendo tú misma, incluso cuando el mundo quiere que cambies. Nunca dejes que alguien te apague. Sé siempre luz, incluso en la oscuridad.

Dedicatoria:

Dedico esta historia a todas las personas que han sentido que no encajan o que no brillan lo suficiente. Ustedes son importantes. Nunca están solos. Siempre habrá alguien que los escuche, los apoye, y los recuerde que su brillo, aunque diferente, es único y necesario en este universo.

 

Categoría: Diferentes pero Iguales

Alumna: Deyreen Adriana Vanegas Molina

Edada: 12 años

Colegio: Liceo Chapero

País: Guatemala

El Escombro Humano: La Historia de Pedro

Segundo relato correspondiente a los ganadores del concurso Infantil de Relato Breve, este correspondiente a la categoría "No al Acoso Escolar", desde España.



Parecía un día normal en la vida de Pedro. Se levantó a la misma hora de siempre, con el mismo sueño acumulado de siempre. Desayunó lo habitual: un huevo revuelto y dos tostadas con aceite, y se fue al colegio con su ropa de todos los días. Las dos primeras clases, Lengua e Inglés, las tuvo con su tutora Rosa, como de costumbre. Todo parecía transcurrir sin novedad... hasta que llegó la clase de Educación Física.

Pedro no era precisamente el más deportista de su clase. Según su médico y también su madre, tenía algunos kilos de más. Aun así, sabía defenderse en la mayoría de los deportes. En casi todos... menos en uno: el fútbol. Irónicamente, ese era el favorito entre los chicos de su edad, y justo ese día, era el que les tocaba practicar.

El profesor Diego dividió a la clase en equipos para organizar un pequeño torneo. A Pedro le tocó, para bien o para mal, en el equipo de los más hábiles. Y como era de esperarse, pronto lo dejaron de lado. Cada vez que cometía un error —y eran muchos—, las risas se apoderaban del campo. Se burlaban de él abiertamente, sin ningún tipo de compasión.

Al terminar la clase, Pedro se encontró con sus amigos Juan y Luis, que estaban en la otra clase. Le contaron que habían oído a Adrián, Nicolás y Sergio —los mejores jugadores de fútbol del colegio— llamarlo “escombro” y decir que estorbaba en cualquier sitio donde estuviera. Pedro trató de no darle importancia y siguió con su día como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, al llegar a casa y revisar su móvil, vio algo que no pudo ignorar. Un sticker circulaba en los grupos: era una imagen suya jugando al fútbol, acompañada del texto “El escombro humano”, y debajo, montones de risas y comentarios crueles. Pedro sintió una mezcla de rabia, tristeza y humillación, pero decidió no decir nada. Fingió que no lo había visto y trató de continuar con su vida.

Al día siguiente, todo el colegio parecía conocer el apodo. Todos lo llamaban “escombro humano” y comenzaron a darle la espalda, como si fuera una molestia solo por existir. Con el paso de los días, las burlas se convirtieron en empujones y agresiones físicas. Lo tiraban al suelo con cualquier excusa: “Es que estaba estorbando”, decían, riendo.

Pedro comenzaba a sentirse frustrado y cada vez más solo. Día tras día, la situación lo afectaba más, pero no decía nada en casa. Temía que si sus padres intervenían, todo empeoraría en el colegio.

Tres meses después del inicio del acoso, Pedro estuvo a punto de recibir una paliza durante el recreo. Afortunadamente, Luis, su amigo fuerte y corpulento, intervino justo a tiempo. Esta no fue la única vez que tuvo que defenderlo. Las amenazas eran constantes y crecían en violencia. Fue entonces cuando Luis y Juan decidieron contar todo lo que estaba ocurriendo.

Al principio, no parecía que las autoridades escolares tomaran cartas en el asunto. Pero justo en la última clase antes de las vacaciones de Semana Santa, la jefa de estudios, Patricia, entró en el aula con tres partes de expulsión: uno para Adrián, otro para Nicolás y otro para Sergio. Los tres fueron suspendidos temporalmente.

Ese mismo día, los acosadores se acercaron a Pedro y le susurraron que si volvía a salir solo, le partirían las piernas. Afortunadamente, las amenazas no se cumplieron. No aparecieron en la salida del colegio.

Al llegar a casa, Pedro no pudo más. Rompió en llanto frente a su madre. Entre sollozos, dijo algo que la dejó helada:
—No tiene sentido seguir viviendo así... si cada día es sufrir.

Alarmada por lo que escuchó, su madre no dudó en pedir ayuda profesional y llevó a Pedro a un psicólogo. Fue una etapa difícil, pero con apoyo emocional, tiempo y el cariño de su familia y amigos, Pedro comenzó a recuperarse.

Meses después, Pedro ya estaba mejor. Los acosadores fueron finalmente expulsados de forma definitiva y el ambiente en el colegio empezó a cambiar. Aunque todo terminó en un gran susto, no todos los niños y niñas tienen la misma suerte que Pedro. Algunos no llegan a tiempo a pedir ayuda. Algunos no pueden seguir adelante.

Por eso, es importante estar atentos. Porque el silencio y la indiferencia pueden ser tan dañinos como las propias burlas. Y porque nadie, absolutamente nadie, merece sufrir por ser diferente.

 

Categoría: No al Acoso Escolar

Alumno: Jorge Quirós González

Edad: 14 años

Colegio: Santo Domingo de Guzmán, Oviedo

País: España

viernes, 6 de febrero de 2026

El espejo de Clara

De vuelta hasta Chile, terminamos la publicación de los relatos ganadores de un Accésit.



Clara era un pequeña niña adolescente que soñaba con ser ingeniera, le encantaba construir cosas y solucionar problemas pero muchas personas le decían que eso no es para mujeres. En la escuela se burlaban de ella y en casa le sugerían que eligiera una profesión “más femenina”.

Un día su abuela le regalo un viejo espejo y le dijo: "No es para que te veas bonita, es para que recuerdes lo fuerte que eres."

Desde entonces, Clara decidió ignorar los comentarios y luchar por su sueño.

Con esfuerzo y dedicación, logro entrar a la universidad y se convirtió en la primera mujer ingeniera de su pueblo. Ahora visita escuelas para motivar a otras niñas y demuestra que los sueños no tienen género.

 

Categoría: No a la violencia de género contra las niñas

Nombre: Antonella Quijada

Edad: 13 años

Colegio: Escuela Básica José Martí

País: Chile

El eco del silencio

Toca el turno a los relatos ganadores de la X edición, y nos sentimos muy orgullosos de presentarles el ganador de la categoría No a la Violencia de Género, que ha sido ganado por María Bilogo, estudiante de 14 años de Guinea Ecuatorial, país de habla hispana invitado a esta edición.


María siempre fue una joven luchadora. Desde muy pequeña, imaginaba un futuro lleno de amor y felicidad. Sin embargo su felicidad cambió cuando conoció a Javier. Al principio él era el príncipe que había esperado: cariñoso, atento y lleno de promesas. Se conocieron en el primer curso de Bachillerato y, tras unos meses de noviazgo, decidieron vivir juntos, lo que comenzó como un sueño, pronto se convertiría en una pesadilla.

Al principio las cosas eran perfectas, sin embargo, poco a poco Javier empezó a mostrar su lado oscuro. Las pequeñas discusiones se convirtieron en gritos y reproches, María quería intentar recordar al hombre encantador que había conocido, pero cada vez que lo hacía, Javier la aplastaba con sus palabras hirientes “no sirves para nada” le decía con desprecio, “nunca serás lo que esperé”.

María se sentía atrapada en una red de miedo y confusión. Su autoestima se desvanecía con cada insulto y cada golpe. Al principio pensó que todo era culpa suya; que si solo fuera más perfecta él dejaría de gritarle. Así que comenzó a cambiar; dejó de verse con sus compañeras, dejó de asistir a la escuela felizmente y su vida giraba en torno a las necesidades de Javier.

Una tarde, mientras recogía la casa, encontró una carta que había escrito para ella misma años atrás. En ella describía sus sueños: ser una artista, viajar por el mundo y encontrar al amor verdadero. Al leerla, sintió un profundo dolor en el pecho; esa niña llena de esperanza parecía un recuerdo lejano.

Una noche, después de una discusión prácticamente violenta, María se encerró en el baño. Las lágrimas caían por su rostro mientras recordaba los días felices antes de conocer a Javier. Pero esa noche fue diferente; decidió que ya no podía vivir así. Con el corazón latiendo fuertemente y la mente lleno de dudas, cogió el teléfono y buscó ayuda.

Llamó a su madre que no había visto durante un tiempo, cuando le contó lo que estaba pasando, su madre la acogió de nuevo a casa, dándola refugio y apoyo incondicional. Con miedo pero decidida, María empacó algunas cosas mientras Javier dormía profundamente en el sofá.

Cuando llegó a la casa de sus padres, sintió un alivio abrumador. Durante las próximas semanas comenzó a reconstruir su vida poco a poco. Volvió a la escuela reencontrándose con sus compañeros y en medio de ellos compartió su experiencia que fue liberador; comprendió que no estaba sola y que el amor no debería doler así.

Sin embargo, Javier no se rendiría tan fácilmente, comenzó a enviarla mensajes amenazantes y llamarla constantemente: “te encontraré” decía con furia cada texto.

Un día María decidió enfrentarlo. Se armó de valor y fue a buscarlo para decirle que ya no volverá más. Cuando llego al lugar donde solían verse, su corazón latía fuerte, pero sabía que tenía que hacerlo por ella misma.

Al verlo llegar con una mirada furiosa y descontrolada, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. ¿Dónde has estado? Preguntó con una voz amenazante. Javier se acercó amenazadoramente, pero esta vez todo cambió, ya no era aquella niña asustada de antes, le miró con determinación a los ojos, dio un paso atrás y le dijo: “no me toques”.

Esa fue la última vez que se vieron. María entendió finalmente que el amor no duele, que el amor es respeto y apoyo mutuo. Con el paso del tiempo sanó sus heridas y aunque las cicatrices del pasado permanecen visibles en su corazón ahora son parte de su historia de superación y valentía.

 

Categoría: No a la Violencia de Género

Nombre: María Cornelia Bilogo

Edad: 14 años

Colegio:  Belén los Rosales

lunes, 26 de enero de 2026

Lucía, la niña valiente

Continuamos la publicación de los relatos ganadores de un Accésit, con el de Ana Valentina Rodas  desde Guatemala.



Hola, me llamo Lucía, tengo 10 años y me gusta dibujar, correr en el recreo y hacer preguntas curiosas. Vivo en un pueblo donde todos se conocen, las montañas nos abrazan y las nubes a veces parecen algodón de azúcar. Me gusta el helado de fresa, las historias de dragones y reírme fuerte con mis amigas.

Todo empezó un lunes que parecía normal. Llegué a la escuela con mi mochila y mis crayones, lista para dibujar un dragón con alas de arcoíris. Pero algo raro pasó... mi amiga Sofía no quería hablar. Ella siempre me contaba chistes, pero ese día tenía los ojos tristes, como si hubiera llorado mucho.

En el recreo me acerqué despacito y le pregunté:

-Sofi, ¿te pasa algo?

Ella bajó la mirada y dijo en voz bajita:

-En mi casa me dicen que no puedo jugar fútbol, que eso es de niños. Y a veces me gritan porque hago preguntas... me dicen que mejor me calle.

Me dio tanta tristeza que sentí un nudo en la panza. No era justo. ¡Sofía es súper buena jugando y hace las mejores preguntas del mundo!

Ese día, cuando llegué a mi casa, me encerré en mi cuarto, saqué mis crayones y dibujé un cartel grande que decía:

"Ser niña no es malo. Ser niña es ser fuerte, lista y valiente."

Le puse estrellitas, corazones y hasta un rayo como el de los superhéroes. Lo llevé al día siguiente y lo pegué en el pasillo de la escuela.

Mi maestra, la señorita Rosa, lo vio y me preguntó quién lo había hecho. Le conté lo de Sofía y ella nos ayudó a hacer algo increíble. Juntamos a todas las niñas del salón y les dimos papelitos para que escribieran sus sueños. Unas querían ser astronautas, otras presidentas, veterinarias, artistas, bomberas... ¡Había tantos sueños bonitos!

Los niños también nos ayudaron a pegar los papelitos en el patio. Parecía un cielo lleno de estrellas de colores. Todos miraban los sueños y sonreían.

Ese día todos hablamos de lo importante que es respetar a las niñas. Que no está bien que alguien te haga sentir menos, ni en tu casa, ni en ningún lado. Algunas niñas contaron cosas que nunca habían dicho, y aunque algunas lloraron, también se sintieron más fuertes.

Después, los papás y mamás vinieron a ver la exposición de sueños. Y muchos se quedaron pensando. La directora nos dijo que íbamos a hacer más actividades para aprender juntos, porque los niños y las niñas valemos lo mismo.

Ahora Sofía ya no está triste. Jugamos fútbol en los recreos y su papá le compró zapatos nuevos porque vio cuánto le gusta. Y yo... bueno, yo me siento muy feliz. Porque aunque a veces tengo miedo, también sé que una niña valiente puede ayudar a cambiar muchas cosas.

Así que si estás leyendo esto y eres niña, acuérdate:

Tú también puedes ser valiente como yo.

No dejes que nadie te haga sentir menos.

Tu voz Importa.

Tu risa importa.

Tú importas.

Y juntas podemos hacer del mundo un lugar más bonito y justo.

 

Categoría: No a la violencia de género contra las niñas

Nombre: Ana Valentina Rodas Silva

Edad:  10 años

Colegio: Liceo Chapero

País: Guatemala

El león y la comadreja

Continuamos con la publicación de relatos ganadores de acéssit, en este caso nos vamos hasta Chile.




Había una vez un león diferente a los demás. A él no le gustaba la carne, prefería las frutas y las plantas. Pero su manada, amante de la caza, lo trataba diferente por eso.

Un día, mientras paseaba solo por el bosque, se encontró con una pequeña comadreja. Al verla, la comadreja se asustó y corrió a esconderse entre los arbustos.

¡Espera! —Rugió el león—. No te haré daño, no como animales. Solo quiero ser tu amigo.

¿Amigo? ¿Tú? Seguro solo quieres comerme —dijo la comadreja, sin moverse de su escondite.

Te prometo, no soy así. Soy diferente a los demás leones – dijo el león.

Con el tiempo, el león y la comadreja comenzaron a pasar todos los días juntos, riendo, jugando y compartiendo historias. Se hicieron grandes amigos, demostrando que la amistad no entiende de tamaños ni especies.

Pero la manada del león no aceptaba esa relación. “Un león no puede ser amigo de una comadreja”, decían. Entonces, el león tuvo una idea.

Reunió a toda la manada y les habló con firmeza:

Ustedes me han juzgado por ser diferente. Pero gracias a eso, descubrí el valor de la verdadera amistad. Si no pueden aceptar a quienes son distintos, entonces son ustedes los que pierden.

Desde entonces, el león y la comadreja y así concretó el pacto de que todos son iguales sin importar su tamaño o raza.


Categoría: Diferentes pero iguales

Nombre: Valentina Zapata

Edad: 13 años

Colegio: Escuela Básica José Martí

País: Chile