sábado, 7 de febrero de 2026

El Escombro Humano: La Historia de Pedro

Segundo relato correspondiente a los ganadores del concurso Infantil de Relato Breve, este correspondiente a la categoría "No al Acoso Escolar", desde España.



Parecía un día normal en la vida de Pedro. Se levantó a la misma hora de siempre, con el mismo sueño acumulado de siempre. Desayunó lo habitual: un huevo revuelto y dos tostadas con aceite, y se fue al colegio con su ropa de todos los días. Las dos primeras clases, Lengua e Inglés, las tuvo con su tutora Rosa, como de costumbre. Todo parecía transcurrir sin novedad... hasta que llegó la clase de Educación Física.

Pedro no era precisamente el más deportista de su clase. Según su médico y también su madre, tenía algunos kilos de más. Aun así, sabía defenderse en la mayoría de los deportes. En casi todos... menos en uno: el fútbol. Irónicamente, ese era el favorito entre los chicos de su edad, y justo ese día, era el que les tocaba practicar.

El profesor Diego dividió a la clase en equipos para organizar un pequeño torneo. A Pedro le tocó, para bien o para mal, en el equipo de los más hábiles. Y como era de esperarse, pronto lo dejaron de lado. Cada vez que cometía un error —y eran muchos—, las risas se apoderaban del campo. Se burlaban de él abiertamente, sin ningún tipo de compasión.

Al terminar la clase, Pedro se encontró con sus amigos Juan y Luis, que estaban en la otra clase. Le contaron que habían oído a Adrián, Nicolás y Sergio —los mejores jugadores de fútbol del colegio— llamarlo “escombro” y decir que estorbaba en cualquier sitio donde estuviera. Pedro trató de no darle importancia y siguió con su día como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, al llegar a casa y revisar su móvil, vio algo que no pudo ignorar. Un sticker circulaba en los grupos: era una imagen suya jugando al fútbol, acompañada del texto “El escombro humano”, y debajo, montones de risas y comentarios crueles. Pedro sintió una mezcla de rabia, tristeza y humillación, pero decidió no decir nada. Fingió que no lo había visto y trató de continuar con su vida.

Al día siguiente, todo el colegio parecía conocer el apodo. Todos lo llamaban “escombro humano” y comenzaron a darle la espalda, como si fuera una molestia solo por existir. Con el paso de los días, las burlas se convirtieron en empujones y agresiones físicas. Lo tiraban al suelo con cualquier excusa: “Es que estaba estorbando”, decían, riendo.

Pedro comenzaba a sentirse frustrado y cada vez más solo. Día tras día, la situación lo afectaba más, pero no decía nada en casa. Temía que si sus padres intervenían, todo empeoraría en el colegio.

Tres meses después del inicio del acoso, Pedro estuvo a punto de recibir una paliza durante el recreo. Afortunadamente, Luis, su amigo fuerte y corpulento, intervino justo a tiempo. Esta no fue la única vez que tuvo que defenderlo. Las amenazas eran constantes y crecían en violencia. Fue entonces cuando Luis y Juan decidieron contar todo lo que estaba ocurriendo.

Al principio, no parecía que las autoridades escolares tomaran cartas en el asunto. Pero justo en la última clase antes de las vacaciones de Semana Santa, la jefa de estudios, Patricia, entró en el aula con tres partes de expulsión: uno para Adrián, otro para Nicolás y otro para Sergio. Los tres fueron suspendidos temporalmente.

Ese mismo día, los acosadores se acercaron a Pedro y le susurraron que si volvía a salir solo, le partirían las piernas. Afortunadamente, las amenazas no se cumplieron. No aparecieron en la salida del colegio.

Al llegar a casa, Pedro no pudo más. Rompió en llanto frente a su madre. Entre sollozos, dijo algo que la dejó helada:
—No tiene sentido seguir viviendo así... si cada día es sufrir.

Alarmada por lo que escuchó, su madre no dudó en pedir ayuda profesional y llevó a Pedro a un psicólogo. Fue una etapa difícil, pero con apoyo emocional, tiempo y el cariño de su familia y amigos, Pedro comenzó a recuperarse.

Meses después, Pedro ya estaba mejor. Los acosadores fueron finalmente expulsados de forma definitiva y el ambiente en el colegio empezó a cambiar. Aunque todo terminó en un gran susto, no todos los niños y niñas tienen la misma suerte que Pedro. Algunos no llegan a tiempo a pedir ayuda. Algunos no pueden seguir adelante.

Por eso, es importante estar atentos. Porque el silencio y la indiferencia pueden ser tan dañinos como las propias burlas. Y porque nadie, absolutamente nadie, merece sufrir por ser diferente.

 

Categoría: No al Acoso Escolar

Alumno: Jorge Quirós González

Edad: 14 años

Colegio: Santo Domingo de Guzmán, Oviedo

País: España

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